Inicio > Acertijos > Las campanas binarias

Las campanas binarias

Las campanas binarias es un acertijo de geometría y visualización que desafía la intuición desde el primer minuto. Aunque el planteamiento parece sencillo, resolverlo exige interpretar con precisión cada condición y evitar conclusiones rápidas.

Es una excelente práctica para fortalecer el razonamiento en el archivo de acertijos. Lee el enunciado completo e intenta llegar a tu propia respuesta antes de pasar a la explicación.

Cuatro campanas A, B, C y D empiezan en silencio.

Hay cuatro cuerdas:

  • X cambia el estado de A y B;
  • Y cambia el de B y C;
  • Z cambia el de A, C y D;
  • W cambia el de D.

Tocar una cuerda invierte el estado de las campanas que le corresponden: si estaban sonando, dejan de sonar; si estaban en silencio, empiezan a sonar.

¿Es posible lograr que al final suene solo la campana C? Si crees que sí, indica qué cuerdas hay que tirar; si crees que no, explica por qué.

Pistas

Mostrar pistas
  1. No hace falta probar las 16 combinaciones posibles.
  2. Olvida un momento la campana D y mira qué ocurre solo con A, B y C.
  3. Cada cuerda cambia allí 0 o 2 campanas: piensa en paridad.

Solución

Mostrar solución completa

Respuesta: No, es imposible.

La clave está en mirar solo las campanas A, B y C.

Cada cuerda cambia entre esas tres un número par de campanas:

  • X cambia A y B: cambia 2;
  • Y cambia B y C: cambia 2;
  • Z cambia A y C: cambia 2;
  • W no toca ninguna de A, B y C: cambia 0.

Por tanto, la paridad del número de campanas sonando entre A, B y C nunca cambia.

Al principio suenan 0 de esas 3 campanas, que es un número par.
Pero “solo C” significaría que al final suena exactamente 1 entre A, B y C, que es impar.

Eso no puede ocurrir.

Así que no existe ninguna secuencia de cuerdas que deje sonando solo la campana C.

Acertijos relacionados

Sigue entrenando

Si te gustó este reto, prueba más acertijos de lógica pura, explora esta temática, revisa el archivo completo o mira la guía para resolver acertijos.

← Anterior: La estantería de alturas · Siguiente: Corredores con una pista falsa →